Se plantea la idea de un "nuevo Messi", un jugador que por primera vez muestra emociones como el llanto en la cancha y que está dispuesto a enfrentar conflictos. Se menciona su gesto con Sofi Martínez como un ejemplo de su nueva actitud.
Se contrasta esta nueva faceta de Messi con su comportamiento anterior, donde solía evitar confrontaciones. Se sugiere que esta evolución podría deberse a un proceso de maduración personal y deportiva, influenciado por su entorno familiar.