Una participante de Gran Hermano, tras cuatro meses y medio en la casa, expresa su amor por sus hijos y su hermana, y su deseo de estar pronto con ellos. Agradece la oportunidad de estar en el programa, a pesar de las dificultades y el desgaste emocional que implica el juego.
Anhela poder reírse más, ser la persona que es afuera, disfrutar de la vida y que los demás también lo hagan, compitiendo pero siendo mejores personas. Menciona a "Lulio Dorado" como un hilo dorado que los unió a todos allí por algún motivo, invitando a no olvidar la oportunidad única que representa estar en la casa y a jugar y disfrutar.