Un participante de Gran Hermano se siente orgulloso de haber llegado hasta esa instancia después de 22 años de persistencia y de no haberse rendido. Considera que las dificultades y rechazos pasados lo han fortalecido, y que la casa de Gran Hermano ha sido una "prueba de fuego" donde descubrió su fortaleza interior.
A pesar de haber experimentado carencias de amor y cariño, afirma que eso no lo marcó ni cambió quién es. Destaca que, aunque el ambiente es hostil y es un juego, percibe la bondad en cada persona y que, en los momentos difíciles o ante un accidente, todos están presentes. Cree que existe una "bondad" subyacente a pesar de las complejidades del juego.
Se muestra contento y extremadamente agradecido por estar allí, considerando la oportunidad única y mágica. Menciona un "hilo dorado" que los unió a todos por un motivo y, ante los momentos de extrañar, aislamiento, bronca y enojo, insta a no olvidar la oportunidad y a disfrutar del juego.