Se debate sobre la decisión de no tener hijos, vinculándola a factores económicos y a una generación criada con mayor énfasis en el individualismo y el hedonismo. Se plantea que la priorización de proyectos personales sobre la crianza puede ser una respuesta a la situación actual del país.
Se contrapone esta visión con la idea de que la vida tiene un propósito de trascendencia y se sugiere que futuras generaciones podrían retomar el deseo de formar familias, a pesar de las preocupaciones económicas y de responsabilidad que implica la paternidad.