Cuba enfrenta una grave crisis energética con apagones que afectan a 9,6 millones de habitantes, sumado a problemas estructurales y la escasez de petróleo, que llega a cuentagotas.
La desconexión total del sistema eléctrico, la octava desde 2024, se debe a antiguas centrales eléctricas y falta de combustible. Las consecuencias se extienden al trabajo, transporte, comunicaciones y recolección de residuos, generando riesgos sanitarios.
Naciones Unidas advierte sobre una emergencia humanitaria. Países como Rusia, China y México envían ayuda, pero el gobierno cubano responsabiliza a Estados Unidos por el bloqueo de combustible.
El embajador Bruno Rodríguez denunció ante la ONU una "guerra multidimensional" y un "acto de guerra" energético por parte de EE.UU., impidiendo el acceso de suministros mediante amenazas.