El cronista describe el caótico pero peculiar sistema de tránsito en Daca, Bangladesh, donde conviven autos, carruajes, tuk-tuks y otros vehículos sin que se produzcan agresiones verbales o choques graves.
A pesar de la aparente anarquía, los habitantes muestran una notable paciencia y evitan los conflictos, con un uso constante de bocinas como principal forma de comunicación vial.
La conducción se realiza mayoritariamente por la izquierda, siguiendo el estilo inglés, y la baja presión tributaria (7%) y la mínima presencia estatal generan un entorno de "caos ordenado".
La ciudad de Daca, con 25 millones de habitantes, y Bangladesh en general, como país densamente poblado, presentan una dinámica social y económica particular, donde la gente se las ingenia para subsistir en medio de la informalidad y bajos salarios.