Se narra el inicio del ayuno de Daniel, quien junto a sus compañeros fue llevado a Babilonia y se propuso no contaminarse con la comida y el vino del rey.
Se explica que la comida y el vino del rey estaban consagrados a los dioses de Babilonia, lo que representaba una contaminación espiritual.
Se advierte sobre el "trasfondo espiritual" de las cosas que se ofrecen o regalan, y se relata un caso donde una prenda íntima regalada supuestamente causó problemas en un matrimonio, sugiriendo la importancia de orar y bendecir todo lo recibido.