El análisis post-partido de la Selección Argentina se centró en la victoria contra Egipto, destacando que, si bien el resultado fue positivo, existen aspectos defensivos preocupantes. Se señaló que el equipo mostró fragilidad cuando fue atacado, recibiendo goles con facilidad.
A pesar de la victoria, se identificaron errores recurrentes en la presión colectiva y en los retrocesos defensivos. La estadística de cuatro goles recibidos en dos partidos subraya esta inconsistencia defensiva, un punto a mejorar de cara a futuras instancias del torneo.
Se reconoció la calidad del rival, particularmente las conducciones y contragolpes de Mohamed Salah, atribuyendo parte del sufrimiento argentino a la jerarquía individual del oponente. Sin embargo, se enfatizó que la Argentina no debe depender de la épica para ganar partidos, sino jugar un fútbol más consistente.
La discusión también abordó la actitud de algunos jugadores y del cuerpo técnico egipcio al quejarse del arbitraje, contrastando con el comportamiento de Salah. Se hizo hincapié en la importancia de la fortaleza mental y en la capacidad de los jugadores para sobreponerse a la adversidad, como demostraron al ir a buscar el partido tras ir perdiendo.