Se presenta la figura de René Lalique, pionero de la joyería moderna nacido en Francia en 1860. Tras formarse con orfebres y estudiar en París, trabajó como diseñador independiente para prestigiosas casas como Cartier y Boucheron.
Lalique creía que "buscar la belleza es un objetivo más digno que mostrar lujo". Utilizaba materiales nobles y de la naturaleza, destacando el uso de esmalte, vidrio y piedras semipreciosas. Sus creaciones, como colgantes, broches y collares, se convirtieron en representativas del Art Nouveau y el Art Decó.
Su creatividad se inspiraba en la naturaleza y la fantasía. En 1900, presentó su icónica libélula con cuerpo de mujer, logrando un éxito rotundo. Su talento se extendió a esculturas, lámparas y frascos de perfume, perfeccionando la técnica del vidrio.