Se revivió la angustia de la final contra Francia y el sufrimiento de la remontada argentina, comparándola con la intensidad del Mundial del 90. El partido fue un torbellino de emociones, con Argentina abajo hasta el minuto 79.
En tan solo 11 minutos, el equipo logró marcar tres goles, revertiendo un resultado adverso y desatando la euforia. La gesta fue calificada como histórica y un reflejo del espíritu de lucha del equipo.