Se analiza la recepción de los pueblos originarios ante la llegada de los españoles, destacando su lucidez y capacidad de diagnóstico al identificarlos como enemigos.
Se contrasta esta actitud con la de los incas y aztecas, quienes confundieron a los invasores con dioses y estaban inmersos en guerras civiles, lo que facilitó la conquista.
Se critica la narrativa histórica que presenta a los pueblos originarios de manera negativa, omitiendo su inteligencia y resistencia ante la colonización.