La conexión entre los jugadores y el público fue fundamental en el partido. Los jugadores pedían aliento y levantaban los brazos para que la gente los acompañara, demostrando que sienten y viven el apoyo de la hinchada.
Este ida y vuelta emocional fue recíproco: la gente alentaba y los jugadores respondían en la cancha. La manifestación de los jugadores hacia el público, reconociendo su importancia, generó un ambiente de unidad y fuerza.