Se analiza el relato bíblico de Josué y Caleb, los únicos dos israelitas que entraron en la tierra prometida debido a su fe inquebrantable en Dios. A diferencia de los otros diez espías, quienes se enfocaron en los "gigantes" y las dificultades, Josué y Caleb depositaron su confianza en la promesa divina.
Sus palabras reflejan esta confianza: "El Señor nos la entregará. Ustedes hacen mal en rebelarse contra el Señor y en temer a los habitantes de esa tierra. Nos los comeremos como si fueran pan, porque con nosotros, otra vez más, está el Señor". Este enfoque en Dios, en contraste con el miedo y la duda de los otros, marcó la diferencia entre la victoria y la derrota.