Se recordó una estadística histórica que marcaba un desafío para Argentina: el equipo nunca había ganado un partido de Mundial luego de irse al descanso en desventaja. El único antecedente de empate fue contra Italia en 1990, partido que se definió en penales.
Este dato estadístico se presentaba como un "tabú a quebrar" para la selección argentina en su enfrentamiento contra Egipto, donde se encontraban perdiendo por la mínima diferencia al finalizar el primer tiempo. La superación de esta estadística era vista como un objetivo clave para la remontada.