Se generó una fuerte polémica en torno a un presunto gesto racial del árbitro hacia un jugador, que derivó en una amonestación. Se mencionó que este gesto podría interpretarse como una ofensa racial y que fue advertido por Alfaro.
Se relató un episodio en el que a un jugador se le recomendó insultar en guaraní para que el árbitro no entendiera, lo que subraya la tensión y las posibles barreras lingüísticas y culturales en el contexto deportivo.