Se debate la compleja relación entre la FIFA y Estados Unidos, marcada por el poder económico y la influencia política de Donald Trump.
Se compara la situación con la Fórmula 1, donde una corporación estadounidense adquirió control total, extendiendo su dominio a eventos como la Copa Libertadores.
La intervención de Trump en la anulación de una sanción en el Mundial es vista como un movimiento estratégico para consolidar el poder estadounidense en el fútbol, a pesar de las críticas de la UEFA.