Se aborda la pregunta sobre si una persona que ha pecado mucho puede tener una segunda oportunidad. Se explica que el Evangelio no tiene que ver con religión, sino con confesar los pecados a Dios y pedirle que entre en el corazón para sentir paz y ser liberado de la deuda con el diablo.
Se afirma que la vida de la persona cambia al creer en esta liberación. La segunda pregunta se refiere a la vigencia del llamado para ser profeta.