China intensificó sus compras de petróleo de Medio Oriente, adquiriendo al menos 26 millones de barriles para entrega entre julio y agosto.
Los cargamentos provienen de Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irak, superando ampliamente los niveles habituales. Esta operación se da tras la reapertura parcial del estrecho de Ormuz.
El aumento de las importaciones coincide con la baja de precios impulsada por Saudi Aramco y con la tregua regional entre Irán y Estados Unidos, buscando Pekín recomponer sus reservas estratégicas tras haber reducido compras durante el conflicto.