Se rememora la figura de un profesor de geografía exigente que utilizaba métodos de evaluación particulares, como hacer pasar a los alumnos al frente para exponer. Se relata cómo calificaba, dando un 10 solo a su propio conocimiento y reservando el 9 para los mejores alumnos.
Se discute la diferencia entre la evaluación de los alumnos y la autoevaluación, y cómo algunos docentes marcaban la línea entre el conocimiento del profesor y el del estudiante.