El Sermón del Monte introduce una contracultura en las relaciones personales, promoviendo un comportamiento diferente al de la ley y al del mundo. Esta diferencia se debe a que la verdadera ciudadanía de los creyentes no es de este mundo.
Se destaca que, aunque las nuevas enseñanzas del Sermón del Monte pueden parecer sutiles o no ser pecados evidentes, Jesús las enfatiza como cruciales para vivir de acuerdo a Su voluntad. La frase recurrente "oyeron que les dijeron... pero yo os digo" marca la transición de la ley antigua a la nueva enseñanza.
Se aclara que Jesús no vino a abrogar la ley, sino a cumplirla, enseñando que el propósito de la ley era guiar a la gente a vivir correctamente, y que ahora, con la nueva enseñanza, se enfoca en el corazón y en una justicia superior a la de los escribas y fariseos.