Se reflexiona sobre la posibilidad de que los robots alcancen la conciencia humana, abordando la complejidad del cerebro y la existencia del alma.
Se plantea que, si bien la neurociencia avanza, la comprensión del cerebro y la conciencia sigue siendo un misterio. Se debate si la conciencia es puramente eléctrica o si involucra un "alma", y cómo se podría replicar esto artificialmente.
Se menciona el caso del robot-perro Aibo de Sony, cuya discontinuación generó reacciones de duelo en sus dueños, y se cita al roboticista Hiroshi Shiguro, quien afirma poder replicar un humano si se le describe detalladamente.