Se generó polémica en el Mundial por un penal cobrado a favor de México contra Inglaterra, que puso el marcador 2-3. El jugador inglés Jude Bellingham prefirió no hablar sobre el arbitraje tras el partido para evitar sanciones, pero sus declaraciones insinuaron su descontento.
Los comentaristas calificaron el arbitraje de “vergüenza” y señalaron que los árbitros se vieron “desbordados por el ambiente”. Se cuestionó cómo el negocio del fútbol puede prevalecer sobre el juego limpio, a pesar de reconocer que el fútbol es un gran negocio.
Se recordó un caso similar en el Mundial de Chile 1962, cuando Garrincha fue expulsado en semifinales pero jugó la final tras pedidos de tres gobiernos. En el caso actual, se mencionó que solo Donald Trump no estaba al tanto de la regla de expulsión, y que se le dio la razón a su aparente desconocimiento.