Noruega, a pesar de ser una nación capitalista avanzada con empresas privadas y bolsa de valores, participa activamente en sectores estratégicos a través de la regulación estatal y la propiedad directa en compañías. El Estado noruego posee participación en 69 empresas, similar a lo que Argentina tuvo con YPF en su momento.
La estrategia noruega implica cobrar una carga marginal combinada del 78% sobre las ganancias de la actividad petrolera. A pesar de esto, la inversión privada se mantiene debido a que los proyectos rentables antes de impuestos continúan siéndolo después de impuestos. Esta política ha permitido la constitución de un fondo soberano de 2,2 billones de dólares, equivalente a más de cuatro veces el Producto Bruto de Noruega.
El ingreso per cápita de un noruego es significativamente más alto que el de un argentino, en parte debido a que la deuda externa de Noruega apenas supera el 50% de su Producto Bruto. El debate se centra en el equilibrio entre el populismo y el capitalismo avanzado, y cómo establecer reglas de juego efectivas en este último.