Se debate sobre la comercialización de los mundiales de fútbol y cómo se han vuelto más "épicos" en detrimento de su espíritu original.
Se cuestiona la tendencia de cantar canciones que glorifican a las selecciones, incluso llegando a ser inapropiadas o coloniales, como se mencionó en relación a Francia y sus jugadores de ascendencia africana.
Se plantea la idea de que pocos se benefician realmente de esta comercialización, a diferencia de los jugadores estrella que viven en Europa, mientras que otros regresan a realidades difíciles en sus países de origen.