Se explica el origen de las veletas con gallos en las iglesias, remontándose a 1815 y al Papa Nicolás I. Originalmente, los gallos reales se colocaban en el punto más alto de la iglesia, después de la cruz, como símbolo de ostentación.
La veleta, con su flecha indicadora de la dirección del viento, cumplía una función práctica además de ornamental, y el gallo se convirtió en un elemento distintivo.