Se profundiza en la enseñanza del Sermón del Monte, aclarando que no se trata de una sustitución de la ley antigua por una nueva, sino de un trabajo sobre el corazón.
La ley antigua se enfocaba en lo exterior, mientras que el Sermón del Monte apunta a la transformación interior, prometiendo grabar la palabra de Dios en los corazones y cambiar el corazón de piedra por uno de carne, sensible y dispuesto a cumplir la ley.
Se menciona que Dios ha liberado a personas de vicios y ha cambiado su carácter, y se enfatiza que la gracia de Dios es el poder que sostiene al cristiano para no caer en pecado.