A pesar de los desafíos económicos históricos en Argentina, el gobierno actual afirma haber ordenado la macroeconomía, con 14 de los 15 sectores económicos mostrando crecimiento. La inflación ha disminuido, aunque aún se considera un problema persistente. Se destaca la disciplina en el control del déficit fiscal y las políticas para seguir bajando la inflación.
Se debate sobre la formalización del empleo, con un aumento del empleo informal (500 mil personas "en negro"). Si bien se reconoce que el empleo ha crecido después de años de estancamiento, se critica la falta de prioridad en la formalización por parte del gobierno. La recuperación económica se describe como un proceso no inmediato ni homogéneo, influenciado por factores culturales y la complejidad de un país "fundido".
La inversión en Argentina se ha vuelto más atractiva debido a una administración con "sentido común", lo que facilita el ingreso de capitales, especialmente en sectores como la energía y la minería, que requieren inversión externa significativa. Se contrasta esta situación con la falta de conducción lógica durante el kirchnerismo.
Se menciona que el empleo informal, aunque representa un problema, también indica crecimiento en comparación con períodos anteriores. La recuperación económica, como proceso, requiere tiempo y paciencia por parte de la ciudadanía, y los indicadores actuales acompañan la gestión, aunque falta más tiempo para ver resultados completos.