Se establece un paralelismo entre la reivindicación de la última dictadura militar y la figura de Carlos Menem, sugiriendo que ambos procesos llevaron a la Argentina al fracaso.
Se recuerda la crisis del 2001 como una consecuencia directa de esas políticas, contrastándola con el modelo implementado por Néstor Kirchner a partir de 2003, que buscó un rumbo diferente.
Se cuestiona la legitimidad de reivindicar figuras o momentos históricos que, según el análisis, condujeron al colapso del país.