Estados Unidos expresó gran preocupación tras el lanzamiento de un misil balístico estratégico por parte de China desde un submarino nuclear hacia el Océano Pacífico.
Beijing calificó el hecho como un ejercicio militar de rutina, pero Washington cuestionó la falta de transparencia y reclamó negociaciones sobre control de armamentos. La prueba generó rechazo en Australia, Nueva Zelanda, Japón y Taiwán, y fue vista como un avance en la disuasión nuclear china, coincidiendo con maniobras conjuntas entre China y Rusia.