Una voluntaria en Venezuela se dedica a llevar café a los trabajadores que remueven escombros tras el terremoto, para que mantengan la energía necesaria para continuar sus labores.
Relata que, afortunadamente, su familia y su casa no sufrieron daños graves, pero el terremoto fue terrible y duró lo que pareció una eternidad. Menciona que varios vecinos y escuelas en su zona sufrieron daños estructurales.