Los ataques de drones ucranianos contra la infraestructura energética rusa están provocando una inusual escasez de combustible en Rusia, afectando la vida cotidiana y la economía del país.
Cientos de automovilistas hacen largas filas en estaciones de servicio de Moscú, Rostov y Bryansk. La estrategia de Kiev busca debilitar el esfuerzo bélico ruso obligando al Kremlin a dispersar sus defensas y deteriorar la infraestructura que sostiene la maquinaria militar.
El presidente Vladimir Putin reconoció problemas de abastecimiento. La presión ucraniana se concentra en Crimea, donde ataques a puentes, depósitos y refinerías buscan aislar militarmente la península y obligar a Moscú a tomar decisiones estratégicas complejas.