Se recalca que las sospechas de corrupción alrededor del gobierno han dañado su imagen de "gobierno de la ética y la moral", un emblema que lo diferenciaba.
Se argumenta que, si bien la arquitectura institucional no gana elecciones, la corrupción puede hacerlas perder, y que son los gobiernos quienes definen los resultados electorales.
Se advierte que el gobierno debe cuidar estos temas, ya que rozan el límite y pueden tener consecuencias negativas en su desempeño electoral.