Se reza por los hermanos para que el sacrificio ofrecido sea agradable a Dios Padre. Se pide al Padre del Cielo que este sacrificio consagrado a su nombre purifique y encamine hacia la vida eterna, por Jesucristo nuestro Señor.
La liturgia de la Eucaristía prosigue con el diálogo del "El Señor esté con ustedes", invitando a levantar el corazón y dar gracias al Señor. Se reconoce que es justo y necesario dar gracias siempre y en todo lugar al Padre Santo, Señor del cielo y de la tierra, por Cristo nuestro Señor.
Se destaca que Dios creó el mundo por medio de su palabra y lo gobierna con justicia. A través de su Hijo, mediador hecho carne, nos comunicó sus palabras y nos llamó a seguirlo, presentándolo como el camino, la verdad y la vida. Por medio de su Hijo, Dios reúne en una sola familia a los hombres redimidos por su sangre y marcados por el Espíritu.