El rescatista venezolano Víctor González describió la extrema dificultad de trabajar en la zona del devastador terremoto, señalando que la realidad superó cualquier entrenamiento teórico.
González explicó que los protocolos internacionales preparan para lo "peor que podía pasar", y que en Venezuela eso se materializó. Detalló que solo en tres edificios colapsados, cada uno con 96 apartamentos, estimaron una magnitud de víctimas que superaba la capacidad de respuesta inmediata.
El entrevistado enfatizó la tensión de trabajar bajo la amenaza constante de nuevos derrumbes, lo que obliga a priorizar la seguridad del rescatista sobre la inmediatez del rescate, una situación difícil de explicar a los familiares desesperados.
Además, relató cómo los espacios para rescatar personas se reducían a apenas 20-25 centímetros, el tamaño de un cuerpo aplastado, y la angustia de ver a familiares intentar ingresar sin seguir protocolos, poniéndose en riesgo de asfixia o colapso.