La historia de las casas de té galesas en la Patagonia se remonta a 1865 con la llegada del barco Mimosa. Las primeras familias se instalaron en el Valle Inferior de Gaiman, 28 de Julio y Dolabo.
En 1891, la familia Martin-Andeos y Maggie Freeman, entre otras, llegaron a la región. La bisabuela de la actual generación, quien era la "naino" (abuela), transmitió sus recetas a la madre de la entrevistada, sentando las bases de la tradición culinaria que se mantiene hasta hoy.