El resurgimiento del rol social de las iglesias en Cuba marca un punto de inflexión en la historia de la revolución socialista. Tras décadas de expropiación estatal y ateísmo, el gobierno comunista ahora depende de organizaciones religiosas y ONGs como Cáritas para distribuir ayuda humanitaria extranjera.
Ante la escasez de lo básico y la poca confianza en las promesas institucionales, los templos se consolidan como estructuras logísticas eficientes para mitigar el hambre y la enfermedad, ofreciendo respuestas donde el Estado ha fallado.