Según Fukuyama, el nepotismo y el clientelismo son instintos humanos arraigados que explican nuestra evolución, pero también dificultan el control de la corrupción.
La capacidad de construir instituciones sólidas que contengan estos instintos es crucial para el progreso social. Cuando estas instituciones funcionan, las sociedades alcanzan mejores metas colectivas, pero siempre están amenazadas por la tendencia natural a priorizar a familiares y allegados.