En Caracas, cientos de familias que perdieron sus hogares en el terremoto se refugian en campamentos improvisados. Sobrevivieron a los derrumbes, pero luchan contra el trauma dejado por la experiencia. El miedo a nuevos temblores es constante, reviviendo el terror del sismo que devastó el país.
Los ciudadanos relatan la intensidad de los movimientos telúricos y la pérdida de sus viviendas, describiendo la experiencia como algo que no quisieran repetir. La persistencia de réplicas genera un estado de alerta y temor permanente, afectando su bienestar emocional.