La crisis energética en Europa se agrava ante las extremas temperaturas, afectando especialmente a países como Alemania y Francia, que no están preparados para el calor. La dependencia del gas ruso y las políticas ambientales generan tensiones, mientras se observa un aumento en la compra de ventiladores ante la escasez de aires acondicionados.
Se destaca la falta de preparación de las infraestructuras, como vías de tren y semáforos que se derriten, evidenciando el impacto del cambio climático, que se manifiesta en veranos cada vez más calurosos. A pesar de las negaciones de figuras políticas como Trump y Milei, el cambio climático es una realidad innegable.