Se propuso la "calle" como escenario para canalizar el dolor social y la angustia colectiva, y se enfatizó la importancia del encuentro y la organización comunitaria como herramientas para superar la adversidad. Se recordó cómo, ante eventos trágicos, la gente salió a la calle a buscar consuelo y apoyo mutuo.
Se sugirió que el próximo liderazgo político debe surgir del "territorio", de la conexión directa con la gente y sus necesidades, en contraposición a un liderazgo de escritorio. Se argumentó que este tipo de conexión es fundamental para generar un cambio real y ofrecer soluciones a los problemas que aquejan a la sociedad.
La calle y el encuentro comunitario son claves para superar el dolor social y forjar un nuevo liderazgo.