La Segunda Guerra Mundial marcó un punto de inflexión para Estados Unidos, emergiendo como la principal potencia vencedora con su tejido industrial y económico intacto. Esta ventaja le permitió consolidarse como la superpotencia dominante del bloque occidental, superando a las naciones europeas y asiáticas devastadas por el conflicto.
A partir de 1945, EE.UU. lideró la creación de organizaciones internacionales como el Banco Mundial, el FMI y las Naciones Unidas, configurando un sistema internacional a su medida. Este estatus de superpotencia global lo compartiría con la Unión Soviética durante casi 50 años, dando inicio a la Guerra Fría.