Se debate si los insultos recibidos por Adorni constituyen una amenaza que justifique la custodia presidencial. Se argumenta que un simple insulto no es una amenaza creíble y que la custodia solo debería otorgarse por orden judicial.
Se cuestiona quién amenazó a Adorni para justificar el uso de custodia presidencial y se menciona la posibilidad de que se alegue una amenaza a sus hijos, aunque se señala que nadie ha amenazado a los niños.