Se analiza la evolución de la Copa del Mundo, donde selecciones como Cabo Verde y la República Democrática del Congo han demostrado ser rivales complicados, a diferencia de lo que se preveía. Se compara la situación de Argentina con la de Francia, que a pesar de dominar a Paraguay, solo pudo ganar por un penal en el segundo tiempo.
Se critica la falta de juego colectivo de Argentina en la fase de grupos, donde las victorias se sustentaron en individualidades de Messi. Se contrasta esto con la solidez defensiva y la capacidad de contragolpe de equipos como Cabo Verde, que complicaron a selecciones importantes.
Se reflexiona sobre cómo la dificultad para ganar partidos de manera contundente, incluso contra rivales considerados inferiores, es una tendencia en el torneo, lo que genera preocupación sobre el rendimiento de Argentina de cara a las fases definitorias.