Bután, un país del sur de Asia, mide su progreso no a través del Producto Interno Bruto (PIB), sino mediante el Índice de Felicidad Nacional Bruta. Este concepto, introducido en 1972 por el rey Jigme Singen Juanchuk, prioriza el bienestar integral sobre el material, enfocándose en cuestiones ambientales y ecológicas.
Este modelo de desarrollo busca un equilibrio entre el crecimiento económico y la preservación del medio ambiente, promoviendo un enfoque holístico del progreso que incluye la buena gobernanza, el desarrollo sostenible y la conservación cultural. La iniciativa refleja una filosofía distinta de desarrollo, donde la felicidad y el bienestar de la población son los principales indicadores de éxito.