La selección brasileña enfrenta un período de 24 años sin ganar un Mundial, marcando su peor racha desde 1990. La eliminación en octavos de final se repite como en Italia 90, cuando Argentina lo dejó afuera.
Este resultado genera preocupación en la prensa brasileña, que se anticipa durísima con el equipo. La caída ante Noruega, un rival considerado de segundo orden europeo, agrava la crisis deportiva del gigante sudamericano.