Se recuerda que durante el kirchnerismo, el Banco Central era considerado un "arma política", con la potestad de emitir dinero para financiar campañas electorales y otros fines.
Se diferencia esta concepción de la necesidad de que el Banco Central mantenga la estabilidad monetaria, como ocurre en la mayoría de los países del mundo.
Se critica la idea de que un cambio de gobierno pueda anular el esfuerzo realizado para lograr la estabilidad económica.