Se analiza la foto de Javier Rabier, describiéndola como tomada de lejos, mirando un celular, y aparentando ser una foto "robada" o "infraganti". Se compara esta táctica con estrategias utilizadas en el pasado para generar una imagen pública.
Se cuestiona la autenticidad de la imagen y se sugiere que fue montada para transmitir una falsa sensación de humildad. Se critica la idea de hacerse pasar por alguien "canchero" o que usa transporte público, especialmente en la primera semana de gestión.