Se plantea la teoría de que la tecnología moderna, como el microchip y los transistores, no surgió de una evolución gradual, sino a través de ingeniería inversa aplicada a vehículos extraterrestres estrellados.
El astronauta Edgar Mitchell (sexto hombre en pisar la luna) habría compartido esta idea, sugiriendo que las grandes corporaciones multinacionales obtienen estos secretos tecnológicos para patentarlos y obtener beneficios.
Se compara la transición abrupta de los televisores a válvulas a los transistores con la rápida evolución de los teléfonos celulares, como evidencia de un salto tecnológico no explicado por la progresión natural.