Las cifras oficiales del terremoto en Venezuela reportan 2.295 muertos, pero la lista no oficial de desaparecidos supera las 40.000 personas. En medio de la tragedia, equipos de rescatistas internacionales y locales han logrado rescatar a sobrevivientes bajo los escombros.
Un equipo de rescatistas jordanos salvó a un niño de tres años, Cleiber Morán, que llevaba seis días sepultado en La Guaira. Fue detectado con cámaras térmicas y extraído sin heridas. La presidenta Delcy Rodríguez calificó el hecho como un milagro para el país.
Posteriormente, bomberos chilenos rescataron a Hernán Alberto Gil, un guardia de seguridad de 44 años, atrapado 9 metros bajo tierra en un centro comercial de Caracas. La operación, que involucró a brigadas de México, Portugal, El Salvador, España y Estados Unidos, fue extremadamente riesgosa y duró tres días.
A pesar de estos milagrosos rescates, la búsqueda de más sobrevivientes se vuelve cada vez más difícil y las esperanzas se desvanecen. Las brigadas internacionales están certificando el fin de las búsquedas edificio por edificio, y la población civil continúa colaborando en las tareas de rescate.
Los rescatistas marcan los edificios con códigos para informar sobre el estado de la búsqueda, el número de víctimas encontradas y si salieron vivas o muertas. La remoción de escombros ha comenzado en las zonas donde ya no se esperan encontrar sobrevivientes, un proceso lento y doloroso que genera impotencia y bronca hacia las autoridades por la falta de ayuda estatal.