Se cuestiona por qué Argentina, a pesar de su riqueza en recursos naturales y potencial, no logra prosperar, apuntando a la responsabilidad de los políticos.
Se compara a Taiwán, que en los años 80 era un "pueblo algodonero" y se transformó en una potencia económica, con Argentina, que no ha sabido capitalizar sus ventajas.
Se concluye que la falta de progreso se debe a la mala gestión de los políticos que no aprovechan las oportunidades, a diferencia de otros países con menos recursos pero mejor administración.